Paloma blanca, blanca paloma

Paloma Blanca, Blanca Paloma,
tú que vuelas sin parar,
dime donde tienes tu nido
que lo quiero visitar.

En lo alto de un olivo,
en los arcos de un pajar,
en la torre de una iglesia,
en los acantilados de la Mar.

Yo quisiera acompañarte,
en tu largo caminar,
cruzando Campos de trigos
llegando hasta la Mar.

Paloma Blanca, Blanca Paloma,
marca el rumbo en tu volar,
Te seguiré donde vayas
aunque me cueste llegar.

Las fuerzas me están fallando,
ya no puedo caminar,
pero recuerdo tu vuelo
El que me hace soñar.

Paloma Blanca, Blanca Paloma,
¡Dónde está la rama del olivar!.
Esa que sujetas con el pico
la que nos traerá la Paz.

Pierdo la sabiduría
esa que te da la edad,
olvido viejos recuerdos
solo quiero la amistad.

Cuándo vuelas no te sigo,
el horizonte lejos está,
las fuerzas no me responden
quiero llegar a mi hogar.

Paloma Blanca, Blanca Paloma,
Vuela, vuela sin parar,
tráeme aquello que sabes,
lo que no podemos contar.

Di le que la estoy buscando,
por tierra, Aire y por Mar,
en el campo, en las montañas
en el Universo Astral.

Paloma Blanca, Blanca Paloma,
¡Por que no puedo volar!
Se perdieron mis ilusiones
de quererte acompañar.

Oración del once de marzo

Malditos seáis por masacrar la vida.
malditos los que escupen ácido y metralla contra la paz de un hombre,
los que apagan el vuelo, la mirada,
la frente más rotunda con hierro machacado,
con óxido de alma desalmada.
Malditos los que beben la sangre más inútil
y se arrastran despacio
Por la senda cobarde de la ortiga,
los que habitan la sombra, el vientre del insomnio,
el útero de piedra que asila a los chacales.
Malditos los que abrasan el párpado de un niño,
el labio despoblado de pólvora y de odio.
Malditos los que lucen su corazón de oruga
y destruyen camadas de rosas a su paso,
los que dejan vacías las cuencas del que sueña,
trituran su garganta y la digieren entre carne y acero.
Malditos los que venden terror por las esquinas,
en la casa callada, el laberinto, la calle o el umbral,
la estación poblada de viajeros insomnes.
Malditos los que muestran serpientes en su fauces
y lamen el secreto del proyectil amargo.
Malditos los que matan inyectados de lepra y de ceniza,
los cadáveres vivos que exigen su cadáver,
los muertos que disparan con el rostro cubierto
de sus vísceras frías, huyendo de sí mismos.
Malditos los que nunca sabrán lo que es ser libre.
Malditos los comandos, los tristes asesinos,
que un día heredarán las tierras calcinadas,
las cloacas sin aire y las escupideras,
el fondo de ese pozo donde la niebla exige
su porción de arsénico y de carne.
Malditos seáis por ignorar la espiga, el beso, la luz o la paloma.
nuestra es la vida al otro lado, la palabra y el sueño,
la canción sin ráfaga ni herrumbre.
Vuestra es la muerte para siempre,
la soledad del mundo sin muchedumbre amiga,
la venganza del ángel borrando vuestra sombra
de la faz de la tierra.

Once más once

Una hilera de unos, once más once
coincidencia maldita o propósitos fúnebres
parece tener la trastienda de ignorante acometido.

Uno a uno se inmolan, once más once
arrebatan la vida, acomodan rencores,
viejas historias inconexas del no sentido.

De a uno a uno, once más once
buscan sedientos desde rincones silentes
la mortandad en las sombras, un final dirigido.

Uno torpe, otro más torpe, once más once
días de luto, dolor con causas y razones,
dos naciones que sufren del odio vivido.

Uno ahora, otro después, once más once
lloran las horas por las víctimas ausentes,
nada ni nadie hará olvidar a los que se han ido.

Once de marzo de 2004

Me resigno a ser mayor,
a pensar que hay tanta gente
que pasado el siglo XX
muere y mata por ideas
que no pueden defender.
Mi patria es la bandera
que con nombre de Mujer
ondea en el corazón.

Aquel jueves de matanza
yo viajaba en el vagón
de aquel tren de Cercanías
que llevaba cada día
mi Futuro y tu Esperanza,
tu rutina y mi Ilusión.

Empezaba bien el día,
el Madrid ganaba al Bayer,
pero inquieta en el andén
tu esperabas a ese tren
que nunca llegó a Entrevías
y yo ya llegaba tarde.

Me gustaba despertar
con el hechizo sonoro
que del tren se desprendía
mientras alguien repetía
por el hilo musical:
«Próxima estación: El Pozo».

No recuerdo nada más.
Solo sé que en el vagón
de aquel tren de Cercanías
mi Vida se despedía
de este mundo al que jamás
entendí ni me entendió.

No recuerdo nada más.
Solo sé que aquel vagón
de aquel tren de Cercanías
se llevaba mi Alegría,
mis ganas de llorar,
la cabeza, el corazón,

la Pasión y la Ansiedad,
la Mentira y la Verdad,

los milagros, las postales,
los pecados capitales,

las estrellas, los colores,
el aroma de las flores,

los recuerdos, la Poesía,
los fracasos, la ironía,

el Olvido y la Memoria,
el querer hacer historia,

las arcadas y las flemas,
el final de este poema.

Sólo quiero que alguien lleve
mi mensaje a la estación
donde espera un corazón
a que yo algún día llegue.