Pienso en los ojos

Pienso en los ojos.
Los ojos de quien entra en un vagón
y ve -no ve-
los ojos,
las presencias de los otros
la carne que ser carne en su hoguera.

Hecatombe a qué dios que no mira,
no ve,
como ven los ojos de aquel hombre
que sale de un vagón
y marca con apremio
las cifras de la muerte.

Y esa llamada,
que nunca nadie
oyó jamás,

nos ensordece.

Piamater (fragmento)

Ellos toman mi cuerpo por la noche.
Quieren que los acune
y quieren ser mis hijos.
Los dejaron morir
por un tanto por ciento,
en las listas sin fin que no cuadran
de la Gran Deuda Externa.
Ellos toman mi cuerpo
y se beben mi sangre
y comulgan amor con mi lengua.
Y me ponen su nombre en mis libros.
Y me amargan la boca.
Y envenenan mis sueños.
Ellos quieren que yo los libere,
a través de palabras pequeñas
en letra de imprenta.
Que los lean señores sesudos,
y que les den el Nobel.
Quieren cruces sobre sus tumbas,
nombres sobre sus cruces.
Que Espartaco sea Cristo,
y que les den el Pulitzer.
Y yo los alimento a mi pecho, por la noche,
con una leche que sabe a almendras dulces
y es la misma con que crié a mis hijos.
Y piden más y más y piden tanto
y es un hambre
que no se quita con la muerte.

Patricia

Te vas,
tristemente,
te vas.
Te marchas, te has ido
sin aprender a decir adiós,
a decir, mamá, a quien miraba
tus pequeños ojos azules.

No te han dejado vivir,
te han cerrado las puertas
muy pronto, muy rápido
muy débil sonaba tu llanto
en un mar de sirenas oscuras
en un cielo de sangre y dolor.

No has podido ver el mar,
dar un beso enamorada,
correr, saltar, mirarme a los ojos,
no te han dejado.

No has podido acabar ese libro,
abrigarte si tenías frío,
llegar tarde al trabajo,
no te han dejado.

No has podido ver el arco iris,
tomar café un domingo tranquilo,
ver las fotos de aquel verano,
no te han dejado.

No has podido llegar a enfadarte
con padre si te ha prohibido
porque hoy han sido otros los que
no te han dejado.

No has podido ser Patricia
y me avergüenzo cada minuto
de mi, nosotros, de mi especie porque
no te hemos dejado.

Te vas,
tristemente,
te vas
y tristemente también
algo de mi
se va contigo.

Patricia, de tan sólo ocho meses, murió el viernes 12 de marzo de 2004,
un día después de la masacre del 11M. Rubia de ojos azules, no ha tenido
la oportunidad para vivir. Su único pecado en vida: montar en aquel tren.
Descanse en paz.

Para aprender vinimos

Para aprender vinimos.
Para mirar en torno y descubrir el mundo.
Para surcar en busca de palabras
que nombren nuestro asombro.
Para buscar en rosas virtuales
la esencia de la rosa.
Para crecer al tiempo que mengua nuestra sombra.
Para saber que somos porque fuimos
y seremos aún y algún día sabremos
quizá que habremos sido.
Para alzar con las manos, los ojos y los labios
la vida que soñamos y caminar unidos
por un puente de luz tendido entre los cuerpos.
Para vencer hermanos la sangre de la guerra
y su triste arrogancia de dolor y de muerte.
Para borrar fronteras y alzar una muralla
solidaria de versos,
una alcazaba tierna de jazmines
desde donde lanzar flechas de amor
que den al corazón directamente.