Once de marzo de 2004

Un grito estremecido
casi inaudible,
ahorcado,
inherente,
estalla unánime
con un «no» expreso
ante todos los locos:
locos de odio y de horror.
Nuestra vida reducida,
apenas perceptible,
permanece ahogada
porque es inherente
a los males en
que cabalga.
Cabalguemos atentos
con riendas de razones sensatas
con bridas de manos blancas,
con espuelas de calma.
Ahora, una vez más,
en el rugiente equilibrio,
emergen,
sobran las heridas de la palabra.

Nuestro amor no importa

Porque la tierra rota y se traslada,
porque también el átomo y la vida,
porque ardemos en sístoles
y trágicas diástoles,
porque el hombre de orce
se irguió una tarde y supo
que el futuro era suyo,
porque hay una mitosis
que supera a la química,
porque el lemur no tiene
bayas para su hambre,
porque en Marte hubo agua,
porque que hay una escritura
que aún no se ha descifrado,
porque la luz es curva,
porque hay una poesía
de cáncer y oncogenes,
porque una fiebre extraña
no encuentra su vacuna,
porque a las nueve y media
se juega el deportivo
su futuro en Mestalla,
porque alguien se autoinmola
y aquí no pasa nada,
porque una mujer llora
mirando a su asesino,
porque Renault no tiene
los mejores neumáticos
y debe conformarse
con seguir a Ferrari,
porque mi madre sufre
un vértigo terrible
y pelea en la cama
una guerra tranquila…

Porque hay mucho que hacer
y no nos queda tiempo…
nuestro amor, francamente, no importa.

No te detengas

No dejes que termine el día
sin haber crecido un poco
sin haber sido feliz,
sin haber aumentado tus sueños
no te dejes vencer por el desaliento
no permitas que nadie te quite
el derecho a expresarte,
que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer
de tu vida algo extraordinario
no dejes de creer que las palabras
y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase
nuestra esencia está intacta
somos seres llenos de pasión
la vida es desierto y oasis
nos derriba, nos lastima, nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra
la poderosa obra continúa
tú puedes aportar una estrofa
no dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.

No está lloviendo, el cielo está llorando

Tengo de luto el corazón y el alma rota,
hecha añicos, destrozada por el dolor,
en ciento noventa y dos fragmentos irreparables,
con nombres propios, únicos, insustituibles.

El cielo llora y cada lágrima me desgarra.

Me llena de rabia e indignación contra los asesinos,
y a la vez me conmueve profundamente, me colma de afecto
hacia las víctimas, los heridos, sus familias…

Con el corazón de luto, sólo me queda una esperanza:
de la sangre derramada ha brotado una flor
que ha unido a millones de personas en todo el mundo,
contra el terror, contra la barbarie, contra el horror…

El cielo llora y cada lágrima me desgarra.

La lluvia intensa y triste, cae sobre Madrid.
Un minuto de silencio, abrumador,
que hasta los bebés respetan.

Con el alma destrozada, sólo me queda una esperanza:
que esta flor crezca fuerte, hasta hacerse inmensa…
que al abrir sus pétalos, su luz sea tan brillante y perfumada
que hasta los asesinos y las alimañas conmueva…

Y para siempre, podamos vivir libres, sin miedo, en paz.