Poesía para el 11M

Bella ciudad ensangrentada
rostros que no volveremos a ver
madrileños quemados en el tren.

Muerte silenciosa y callada
sangre derramada sin sentido.

Malditos asesinos
que dejáis en las vías muertas
que esperáis del tren sin destino
odio, huérfanos, viudas, mentiras.

Eso es lo que os han enseñado
mentiras, ideales engañosos.

Malditas religiones falsas
esto no es lo que
los profetas os han enseñado.

La sangre derramada. no es religión
manos mutiladas, rostros sin caras
que esperáis de los vivos.

Ya que los muertos dejaron de hablar.
que esperáis en el cielo
que os coja con las manos abiertas vuestro dios
por lo que habéis hecho.

Que le dirá vuestro dios
al dios de los asesinados.
y aquí entre los que aun estamos medio vivos
qué esperan los gobiernos para parar esto.

Sólo hay intereses, dinero negro,
como el petróleo
como el luto que ellos no han podido parar
o han mirado al lado de los intereses

Sólo os preocupa el poder,
subir, y subir más arriba.
pero, llegaréis tan alto,
que llegaréis al lado de todos los asesinados.
y veréis sus caras, esas que habéis destrozado.

Rostros que nos volveremos a ver
madrileños quemados en el tren.

Muerte silenciosa y callada
sangre derramada sin sentido.

Malditos asesinos
que dejáis en las vías muertas,
que esperáis del tren sin destino
odio, huérfanos, viudas, mentiras.

Eso es lo que os han enseñado
mentiras, ideales engañosos.

Malditas religiones falsas
esto no es lo que
los profetas os han enseñado.
La sangre derramada. No es religión
manos mutiladas, rostros sin caras
que esperáis de los vivos.
Ya que los muertos dejaron de hablar.

Que esperáis en el cielo
que os coja con las manos abiertas vuestro dios
por lo que habéis hecho.

Que le dirá vuestro dios
al dios de los asesinados.
Y aquí entre los que aún estamos medio vivos
qué esperan los gobiernos para parar esto.

Sólo hay intereses, dinero negro,
como el petróleo
como el luto que ellos no han podido parar
o han mirado al lado de los intereses.

Sólo os preocupa el poder
subir, y subir más arriba.

Pero, llegaréis tan alto,
que llegaréis al lado de todos los asesinados
y veréis sus caras, esas que habéis destrozado.

Poemas en los andenes

Abandono versos en los andenes.
Deshojo flores manuscritas,
poemas como anónimos abrazos
por si a alguien le asalta el desaliento,
el frío repentino de una ausencia
que vuelve a nuestra piel con la memoria.
Deslavazo el rosario de palabras
que rasga el corazón como un alambre
oxidado de rabias,
y dejo la caricia del consuelo
como un paño de voz para el llanto del silencio,
en que empapen heridas invisibles.
El piso del andén es como un folio
al que vuelven los pasos de la vida,
en que callan el daño inconcebible,
al que vuelvo con letras de mil ojos.
Por eso voy soltando mis poemas
como tímidos pájaros ingenuos
que rompan la grisura del recuerdo
con un trino voraz de tierno vuelo.

Poemas

I

El cielo se detiene y desertiza
el caudal del amanecer que sobra,
que a gritos pide el paso del puñal,
como radio a su vez multiplicada.

El pánico entrelaza taquicardias,
tiembla en su mismo seno de fragores,
es roce de ortiga en el alma rota,
un volcán con muñón que impide el vómito.

Retrocede la noche sarracena,
amplía su horizonte desmedido,
atraviesa los granos y el perfume.

De una flor en un bosque incinerado.
la pena miserable me incrimina
en el lado inhóspito del deseo.

II

El cielo se detiene y desertiza
el caudal del amanecer que sobra,
que a gritos pide el paso del puñal,
como radio a su vez multiplicada.

El pánico entrelaza taquicardias,
tiembla en su mismo seno de fragores,
es roce de ortiga en el alma rota,
un volcán con muñón que impide el vómito.

Retrocede la noche sarracena,
amplía su horizonte desmedido,
atraviesa los granos y el perfume.

De una flor en un bosque incinerado.
la pena miserable me incrimina
en el lado inhóspito del deseo.

Poemas

I

Cómo comprendo a Cristo cuando dijo
que su reino no era de este mundo.
Porque este mundo nuestro,
este desapacible mundo en que vivimos,
viene siendo un horror desde el principio.
Mucho antes de Cristo, desde luego,
mucho después también, está a la vista.
el hedor de la sangre es más antiguo
que los dientes, la piedras y las uñas.
Mundo de sangre y nada más que sangre,
empezaste viviendo de la sangre,
y vas a terminar ahogada en ella.

II

Desde los tiempos de la Inquisición
las víctimas siempre han sabido
que el maldito pretexto de que ofendían a dios
no era motivo suficiente
para que los quemasen en la hoguera.

Yo no sé si la historia
le ha servido de algo a esta desdicha
que venimos llamando raza humana.

Ni el pretexto de un dios,
ni la defensa de una patria
(patria no puede ser un territorio cercado por la muerte),
mucho menos espurios intereses,
pueden justificar semejante matanza.

No hay forma de justificar la masacre,
ni en España ni en ningún sitio.
no hay terrorismo bueno,
los niños, las mujeres, los oficinistas,
los viejos, los enfermos,
los que «van de su corazón a sus asuntos»,
todos caen miserablemente ultrajados por la muerte.

No hay justificación para el espanto,
los muertos norteamericanos, los niños judíos,
las muchachas de Palestina, los pobres iraquíes,
nuestros muertos de Barcelona, Alicante, Sevilla y
los muertos de nuestro inolvidable once de marzo
igualados todos por la democracia forzosa de la muerte,
todos piden desesperadamente que no los olvidemos,
que luchemos contra esta epidemia
que nos deja sin porvenir, que nos asola.

Hay que decides a los enamorados de la muerte
que sus hijos no van a poder crecer en el desierto que ellos construyen:
nada crece regado por la sangre.
la sangre lo calcina todo: hasta el paraíso.