El Padre Nuestro de la Paz

PADRE que miras por igual a todos tus hijos.

NUESTRO de todos. De los millones de personas que poblamos la Tierra, sea cual sea nuestra edad, color o lugar de nacimiento.

QUE ESTÁS EN LOS CIELOS, y en la tierra, en cada hombre, en los humildes y en los que sufren.

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE pero no con el estruendo de las armas, sino con el susurro del corazón.

VENGA A NOSOTROS TU REINO, el de la paz, el del amor. Y aleja de nosotros los reinos de la tiranía y de la explotación.

HÁGASE TU VOLUNTAD siempre y en todas partes. En el cielo, y en la tierra. Que tus deseos no sean obstaculizados por los hijos del poder.

DÁNOS EL PAN DE CADA DÍA que está amasado con paz, con justicia, con amor. Aleja de nosotros el pan de cizaña que siembre envidia y división.

DÁNOSLE HOY porque mañana puede ser tarde, la guerra amenaza y sólo la paz que hoy construyamos puede frenarla.

PERDÓNANOS no como nosotros perdonámos, sino como tú perdonas, sin dar lugar al odio y al rencor.

NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN de almacenar lo que no nos diste, de acumular lo que otros necesitan, de mirar con recelo al de enfrente.

LÍBRANOS DEL MAL QUE NOS AMENAZA: del poder, de la sociedad de consumo, de vivir montados en el gasto, porque somos muchos, Padre, los que queremos vivir en Paz.

El canto de un ángel

Nos conocimos desde que éramos muy pequeños, comenzamos a sentir cosas que el uno y el otro confundíamos con una buena amistad y al fin nos dimos cuenta que era verdadero amor. Tú me conquistaste cantando, conseguías que me quedara sin palabras. Pasamos muy buenos momentos juntos, nos fuimos a Madrid a por un sueño, y consiguieron que acabara soñando contigo.

Ese día me volviste a dejar sin palabras, pero ahora para siempre, tú me diste la vida ese fatídico día, me ocultaste bajo tu cuerpo y te alejaste de mi lado para convertirte en un ángel… en ángel.

En las largas noches sigo sintiéndote cerca, escuchando tu voz, tu canto y ese canto se ha convertido para mí en el canto de un ángel.

Don Quijote y la llave

Era un día maravilloso y por algún motivo me dieron ganas de pasear, anduve hasta llegar a la plaza del pueblo. Me senté sola, mirando detenidamente la estatua de don Quijote. Dos niños jugaban alrededor de ella, según escuché estaban imitando la lucha entre don Quijote y los cueros de vino. Los ancianos permanecían sentados hablando de viejos tiempos.

Me dormí. Al despertar todo estaba desierto, solo quedaban restos de cubos, palas y castillos, olvidados por los niños. Había algo extraño, esa plaza ya no era la misma. De repente oí el relinchar de un caballo, pero no le di importancia. Pálida, me quedé al ver la estatua de don Quijote acercándose a mí, pensaba que estaba soñando pero no fue así. Se acercó hasta la sombra de mi cuerpo y dijo que él era el famoso don Quijote de la Mancha «el de la Triste Figura» y que venía a rescatarme de este gigante malvado que tiene por nombre Mundo.

Así que cuando acabó de contar su propósito, me agarró de la mano y de un salto subí encima de Rocinante. Primero me llevó hasta la plaza de los tres molinos, lugar donde hacía muchos años don Quijote tuvo su primera batalla, luchó contra el egoísmo, la crueldad y la envidia. Ganó la batalla y en ese pueblo nunca más volvieron a existir esas tres barbaridades. Pero en la misión que ahora nos tocaba hacer era muy difícil. Teníamos que encontrar la llave que cerrase para siempre un mundo de guerras. Un mundo sin guerras es algo muy difícil de lograr, pero don Quijote me contó que lo podíamos conseguir.

Primero teníamos que viajar hasta el país de Dulcinea y buscar por los rincones más profundos la llave que abriera el corazón a toda esa gente que solo vive para destrozar la vida de gente humilde y que no se da cuenta que también está destrozando la suya. A continuación iríamos hasta el almacén de armas más grande del mundo con uáquina y las convertiríamos en palomas de la paz. Y para acabar viajaríamos a cada país y encontraríamos la llave que cerrase para siempre un mundo de guerras.

Estos son los pasos que teníamos que seguir, me contó don Quijote pero, lástima ya es demasiado tarde, don Quijote vuelve a ser una estatua. Es once de marzo y una bomba acaba de estallar en Atocha.

Discurso emotivo

Premio al egocentrismo, a la avaricia, a la codicia, a la intolerancia, y a la inhumanidad.

Quiero otorgar este premio a todos aquellos que desde arriba han hecho que los que estamos abajo gritemos de dolor.

Porque se lo han ganado, porque nos han tapado la boca para no escuchar nuestras protestas, porque se han disfrazado de personas siendo simplemente unos monstruos que nos han empujado a primera línea de batalla. porque han ignorado los millones de brazos al cielo pidiendo que se nos escuche, gritando nuestro derecho de voz, pidiendo que se nos tenga en cuenta, para no tener que perder a ningún inocente más, porque ya son muchos los que se fueron sin tener que marcharse.

Nos hundieron en el olvido y este premio exige que sean ellos los que deben ser olvidados. nos arrebataron una vida tranquila para regalarnos el miedo y la desconfianza en todos los rincones de nuestras casas.. nos mandaron a una guerra sin preguntarse si estábamos dispuestos a aceptarla, simplemente nos lo impusieron.

¿Cómo es posible que tan solo tres personas sean capaces de poner patas arriba más de medio mundo?

¿Cómo es posible que la sangre y las lágrimas inunden las calles y no se les manche ni una manga de su camisa?

Lo que es irrebatible es la hipocresía que les viste cada día, por esto, indudablemente, este premio manchado de agonía otorgamos a esas personas que mueven sin pudor alguno, los hilos de un país entero, mirando no al bienestar de todos, sino al suyo propio.

A esos presidentes que se han corrompido por el ansia del dinero, por la riqueza incontable, por la fama.

Especialmente a esos tres presidentes que no les ha importado pisar a su pueblo para ellos no tener que mancharse de barro. A esos que han mandado a jóvenes con futuro a presenciar la brutalidad de una guerra innecesaria como cualquier otra.

Que esto sirva, por favor, para que nosotros que somos muchos no permitamos que nos vuelvan a engañar como lo hicieron, porque yo no quiero ir a la guerra, porque yo no quiero tener miedo.

Que este premio sirva para encerrarles en un lugar donde nadie pueda escucharles, para no volver a sentir ese miedo.

Muchas gracias.