El canto de un ángel

Nos conocimos desde que éramos muy pequeños, comenzamos a sentir cosas que el uno y el otro confundíamos con una buena amistad y al fin nos dimos cuenta que era verdadero amor. Tú me conquistaste cantando, conseguías que me quedara sin palabras. Pasamos muy buenos momentos juntos, nos fuimos a Madrid a por un sueño, y consiguieron que acabara soñando contigo.

Ese día me volviste a dejar sin palabras, pero ahora para siempre, tú me diste la vida ese fatídico día, me ocultaste bajo tu cuerpo y te alejaste de mi lado para convertirte en un ángel… en ángel.

En las largas noches sigo sintiéndote cerca, escuchando tu voz, tu canto y ese canto se ha convertido para mí en el canto de un ángel.

Don Quijote y la llave

Era un día maravilloso y por algún motivo me dieron ganas de pasear, anduve hasta llegar a la plaza del pueblo. Me senté sola, mirando detenidamente la estatua de don Quijote. Dos niños jugaban alrededor de ella, según escuché estaban imitando la lucha entre don Quijote y los cueros de vino. Los ancianos permanecían sentados hablando de viejos tiempos.

Me dormí. Al despertar todo estaba desierto, solo quedaban restos de cubos, palas y castillos, olvidados por los niños. Había algo extraño, esa plaza ya no era la misma. De repente oí el relinchar de un caballo, pero no le di importancia. Pálida, me quedé al ver la estatua de don Quijote acercándose a mí, pensaba que estaba soñando pero no fue así. Se acercó hasta la sombra de mi cuerpo y dijo que él era el famoso don Quijote de la Mancha «el de la Triste Figura» y que venía a rescatarme de este gigante malvado que tiene por nombre Mundo.

Así que cuando acabó de contar su propósito, me agarró de la mano y de un salto subí encima de Rocinante. Primero me llevó hasta la plaza de los tres molinos, lugar donde hacía muchos años don Quijote tuvo su primera batalla, luchó contra el egoísmo, la crueldad y la envidia. Ganó la batalla y en ese pueblo nunca más volvieron a existir esas tres barbaridades. Pero en la misión que ahora nos tocaba hacer era muy difícil. Teníamos que encontrar la llave que cerrase para siempre un mundo de guerras. Un mundo sin guerras es algo muy difícil de lograr, pero don Quijote me contó que lo podíamos conseguir.

Primero teníamos que viajar hasta el país de Dulcinea y buscar por los rincones más profundos la llave que abriera el corazón a toda esa gente que solo vive para destrozar la vida de gente humilde y que no se da cuenta que también está destrozando la suya. A continuación iríamos hasta el almacén de armas más grande del mundo con uáquina y las convertiríamos en palomas de la paz. Y para acabar viajaríamos a cada país y encontraríamos la llave que cerrase para siempre un mundo de guerras.

Estos son los pasos que teníamos que seguir, me contó don Quijote pero, lástima ya es demasiado tarde, don Quijote vuelve a ser una estatua. Es once de marzo y una bomba acaba de estallar en Atocha.

Discurso emotivo

Premio al egocentrismo, a la avaricia, a la codicia, a la intolerancia, y a la inhumanidad.

Quiero otorgar este premio a todos aquellos que desde arriba han hecho que los que estamos abajo gritemos de dolor.

Porque se lo han ganado, porque nos han tapado la boca para no escuchar nuestras protestas, porque se han disfrazado de personas siendo simplemente unos monstruos que nos han empujado a primera línea de batalla. porque han ignorado los millones de brazos al cielo pidiendo que se nos escuche, gritando nuestro derecho de voz, pidiendo que se nos tenga en cuenta, para no tener que perder a ningún inocente más, porque ya son muchos los que se fueron sin tener que marcharse.

Nos hundieron en el olvido y este premio exige que sean ellos los que deben ser olvidados. nos arrebataron una vida tranquila para regalarnos el miedo y la desconfianza en todos los rincones de nuestras casas.. nos mandaron a una guerra sin preguntarse si estábamos dispuestos a aceptarla, simplemente nos lo impusieron.

¿Cómo es posible que tan solo tres personas sean capaces de poner patas arriba más de medio mundo?

¿Cómo es posible que la sangre y las lágrimas inunden las calles y no se les manche ni una manga de su camisa?

Lo que es irrebatible es la hipocresía que les viste cada día, por esto, indudablemente, este premio manchado de agonía otorgamos a esas personas que mueven sin pudor alguno, los hilos de un país entero, mirando no al bienestar de todos, sino al suyo propio.

A esos presidentes que se han corrompido por el ansia del dinero, por la riqueza incontable, por la fama.

Especialmente a esos tres presidentes que no les ha importado pisar a su pueblo para ellos no tener que mancharse de barro. A esos que han mandado a jóvenes con futuro a presenciar la brutalidad de una guerra innecesaria como cualquier otra.

Que esto sirva, por favor, para que nosotros que somos muchos no permitamos que nos vuelvan a engañar como lo hicieron, porque yo no quiero ir a la guerra, porque yo no quiero tener miedo.

Que este premio sirva para encerrarles en un lugar donde nadie pueda escucharles, para no volver a sentir ese miedo.

Muchas gracias.

29N, yo si estuve allí

Quería hacer una aclaración al artículo publicado en la página 29 de la edición del 30 de noviembre referente a las concentraciones frente al Congreso de los Diputados.

Yo soy una de las personas que acudió ante las puertas del Congreso ayer 29 de noviembre. El motivo: soy viuda, desde el 11M.

Ayer se convocó una concentración silenciosa desde las 8.30 de la mañana ante las puertas del Congreso, coincidiendo la comparecencia del ex presidente del gobierno, para pedir transparencia en la Comisión de Investigación, justicia para los 192 asesinados y los miles de heridos y afectados, y depuración de las responsabilidades políticas.

Quiero aclarar que también se concentró un grupo de fervorizados simpatizantes del Partido Popular que, ondeando banderas y otros símbolos partidistas, dieron un espectáculo vergonzoso de hasta dónde puede llegar la estulticia humana, las mentes manipuladas y deshumanizadas. Ellos eran, en número, no más de un centenar en su momenás glorioso, pero gritaban y gruñían como una verdadera jauría de perros rabiosos. Vinieron a primera hora de la mañana, pero apenas aguantaron una hora y media bajo la fría mañana de ayer. Vitorearon su apoyo pleno al ex presidente, nos insultaron, se burlaron de nosotros y se fueron. Tendrían otras cosas que hacer.

Por otra parte nosotros, los familiares de los asesinados y heridos en los atentados del 11 de marzo, estuvimos más de 12 horas seguidas en silencio, aguantando el frío, la lluvia y los continuos ataques y humillaciones de estos exaltados conciudadanos que no dudaron en acusarnos de asesinos a nosotros (los familiares, repito, de los asesinados y heridos), de reírse y mofarse de nuestro dolor («meteos vuestros muertos por el culo», fueron capaces de decir), de provocarnos. Al estar desde las 8.30 de la mañana hasta las 21 horas de la noche, evidentemente, hubo fluctuaciones en el tamaño del grupo, que pasó de la veintena a más del centenar durante muchas horas.

Aclaro, por tanto que no eran ellos el «centenar largo» y nosotros la «treintena», tal y como aparece publicado en el artículo antes mencionado. Tendrían que haber estado todo el día con nosotros para haber visto lo que allí había y haber sido más justos en su información.

Tampoco es cierto que a partir de las 8 de la noche nos hiciéramos «presentes de nuevo». Eso ocurrió con el grupo de fanáticos, que vinieron a la hora del término de la Comisión, para mostrar de nuevo su incondicional apoyo a ese señor y porque seguramente ya habían terminado sus ocupaciones diarias.

Nosotros no reaparecimos. Aguantamos en silencio más de 12 horas, insisto, sin provocar, ándonos nuestra indignación y rabia ante estos hechos tan lamentables, provenientes de aquellos a quienes, únicamente, el azar libró de estar al otro lado de la plaza de las Cortes, tras nuestras vallas y nuestro cordón policial, con nuestras manos pintadas de rojo, con nuestras lágrimas y nuestro dolor, pidiendo justicia con nosotros por los asesinados (nunca muertos, asesinados) el 11 de marzo, pidiendo transparencia y aclaración de la verdad. ¿Tanto miedo les da asumir que existimos?