Los railes retorcidos

Los trenes de cercanías
en su habitual recorrido
no llegan a su destino,
saltan de sus propias vías
porque un comando asesino
comete las villanías
de reventar el camino.

Ayer, desesperación,
hierros torcidos, metralla,
enorme consternación:
el sur de Madrid estalla.

¿Dónde vas, vil terrorista,
con tu mochila de la muerte
matando a gente inocente?

¿Dónde vas, cruel alimaña,
dónde vas con esa saña
que envenena tus entrañas?

La madre que te dio el ser,
lo mejor que debió hacer
es dejarte perecer.

No masacres a mi gente
trabajadora, inocente.
Ataca a tus dirigentes,
a esos magnates pudientes,
a tus amigos, parientes;
deja tranquila a mi gente.

Eres frágil de memoria,
te anclaste en la prehistoria:
y desconoces la historia.
La historia te contará
que el causante de tus males,
el que a ti daño te hará,
convive en tus propios lares.

Madrid, mi querido amigo
de mi España capital.
Siempre estaremos contigo
para bien o para mal.

Los dos juntos y a la vez

Manuel

Porque me miras a la cara
Cuando vuelvo a casa
Parece que te extrañara
Y te molesta mi llegada

Que miras Si estoy sobrio?
Que temes tu merecido?
Sabes que si te portas mal
Cumpliré lo prometido

No es mi culpa si no termino
Lo que como hombre obligado
Es que miras demasiado
A los hombres en el camino

Excusas solo excusas
¿Que haces todo el día?
Mirar la tele entusiasmada
Y Hablas con las vecinas

Esas brujas del demonio
Que te llenan la cabeza
No son ellas las que ponen
La comida en nuestra mesa

Se de buena fuente que a María
No le duele la cabeza, cumple
Con su marido caliente
De trabajar todo el día

Pero tu Encarnación
Mas de una vez me dejas ardiendo
Y lloras si te obligo
Y te escapas a un rincón

Limpiándote con asco mi aliño
Y jurando en voz baja
a saber que zarandaja
repitiendo: no despiertes a los niños…

últimamente tienes la cara
Como de llorar todo el día
Y subes la mirada
Con cierta melancolía

Sin embargo a cada tanto
Entre lágrima fallida
Asoma una sonrisa, una alegría
que de tanto llanto

Se secaron las neuronas
Junto con las hormonas
Esas que te hacían ser
De vez en cuando mujer

Es tu hija, No es la coca
La que me provoca
Paseándose con poca ropa
Y diciendo: el, el me toca…

El otro día a solas me pase
Borracho algo le susurre
Salio corriendo y gritando
Pero si ni siquiera la toque

Ya tu ves como pasan las cosas
Por dejarme abandonado
Que un día despistado
Y el culpable sea yo

Si hasta tu madre lo dijo
Cuando quisiste irte de aquí
Vuelva con su marido
Que no fui yo quien lo elegí

Y volviste derrotada
Si cabe mas amargada
Y esa noche en la cama
Definitivamente no estabas

Encarnación

Cuanto te odio Manuel
Por Dios santo bendito
Que si la vida no te quito
Cerdo inmundo y cruel

Es por no dejar a mis hijos
Sin padre o lo que seas
Sin madre vaya a saber
A los dos y a la misma vez

He pasado horas
Con un cuchillo en la mano
He sopesado mucho
Fino, liso, con serrucho

A ver con cual terminaba
Tu vida detestable
Y la mía miserable
Siempre con la misma mirada

Pero al fin ya tu ves

Aquí estoy esperando no se que
Que Diosito me ilumine
Que con tu vida termine

Y con la mía también
Cuando los chicos no sean chicos
Que puedan ir por la vida hijos
Pero adultos a la vez

Ya no siento ya tu ves
Ni amor ni sexo ni nada
ni de rodillas ni acostada
Pero tu: ¡que vas a ver!

Solo quieres una mamada
Un polvo seco y de prisa
Es que tu amor me da risa
A mí, que llamaban Apasionada

¿Apasionada por que?
Por quien y para que
No solo es la sensación
No solo es fuego, la pasión

Tiene que tener a alguien
Destino de tanto fuego
Hoy mañana y luego
Tiene que tener a quien

Pero ya no me interesa
Mi vida hace mucho se acabo
Mi persona mi ser mujer termino
Y escucha esta promesa

Por mis hijos Manuel
Que cuando el chico sea mayor
Con este cuchillo que guardo
Donde nadie lo ve

Por dios te juro, seré
Tan fuerte para matarte
Tan cobarde para matarmeLos dos juntos y a la vez.

Lo que a la vida le debemos

No tenían derecho,
querido Daniel,
no tenían ningún derecho
a ensombrecer tu mirada
cuando apenas había comenzado a deslumbrarse.
No tenían derecho
a apagar tu voz, a velar tu risa,
que yo debía haber escuchado,
que debíamos haber escuchado decenas, cientos más,
todos nosotros,
todas las vidas que colma una vida que germina y crece,
todas las vidas que vacía
una vida que se arrebata
de un zarpazo.

No tienen derecho, son unos canallas
y es una infamia
el silencio impuesto
a unos ojos que por tan breve tiempo habían llameado.
Es impúdico el silencio desasosegante del crimen,
el silencio estancado como una charca,
el silencio húmedo y repelente
de los cobardes.
No tienen derecho
no tienen ningún derecho, es verdad,
camarada Pilar, amiga mía.
Cuánta razón,
cuantos siglos de abrumadora razón
ruedan en tus lágrimas.

Y por eso, porque ellos,
los hediondos dueños de las guerras,
los mercaderes de la ira y de la pólvora,
porque los canallas
no tienen ningún derecho,
a nosotros nos apremia
el deber inapelable de la justicia.
Hemos de remover el cielo y la tierra,
hemos de sublevar el viento y los mares,
hemos de desenterrar y demoler
los cimientos de la iniquidad.

Hemos de sofocar
cada recodo de tu soledad
y de la soledad de los tuyos,
camarada Pilar,
con el amor inmenso, con el amor incontable, con el amor inabarcable
del mundo libre, justo y en paz
que nos debemos.
Hemos de llenar de corazón
la razón inextinguible de cada una de tus lágrimas.
Por tu hijo,
por ti, Daniel,
no tenemos derecho a olvidar.

Llanto desde mi atalaya

Hoy hace un día precioso…
pero ellos ya no están.
Un barco surca la ría…
pero ellos ya no están.
Canta mirlos y jilgueros…
pero ellos ya no están.
Las plantas van floreciendo…
pero ellos ya no están.
El sol se oculta en las Cíeas…
¡PERO ELLOS YA NO ESTÁN!