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Somos una Asociación de Utilidad Pública desde el 21/05/2008 (BOE 03/06/2008).
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Nuestro propósito
Nunca volveremos a ver a todos los que nos faltan, pero su involuntario sacrificio permanecerá para siempre en nuestros corazones y en la memoria de toda la ciudadanía.
Tomamos también la palabra en representación de los que sobrevivieron, de aquellos que aún sufren la pesadilla del golpe cruel que ha marcado sus vidas para siempre y del que difícilmente podrán recuperarse algún día. De esos molestos testigos vivientes del horror.
Nuestro inmenso dolor nos empujó a aunar las fuerzas con el empeño decidido por conocer la VERDAD, la necesidad vital de conseguir JUSTICIA y REPARACIÓN, y el firme propósito de construir la MEMORIA y trabajar por la PAZ
Trenes
Iban; venían. No volvieron.
De aspecto dormidor
ecibiendo apenas en sus ojos amaneceres y ocasos;
del barrio a la ciudad;
del trabajo a la casa
en rutina aceptada,
mansa y sufriente.
Y no volvieron.
Llevados al suburbio para carne de trabajo:
obreros, cazadora de plástico,
mujeres de rostro trabajado de faenas,
empleados que aspiran a un puesto más alto,
jóvenes despreocupados,
secretarias que se arreglan para huir de la grisura,
inmigrantes un punto más allá del recelo
porque ya conocen la ciudad enemiga
llenan los trenes, a veces se agolpan;
dormitan los sentados
y otros hojean leves diarios gratuitos.
Y doscientos no volvieron.
Cuando todo es mecánico,
cuando lo humano se esconde en riadas de autómatas,
cuando sólo les dejan la aspiración de comprar un coche,
hacer una boda para ser efímeros reyes con los suyos,
cuando el fin de la vida es lograr un empleo,
que nada íntimo justifica,
y someterse a reglas, a cambio de monedas,
estalla entonces la maldad absoluta,
el non serviam diabólico,
el asesino justiciero, de enormes injusticias,
intérprete de dioses imaginarios
recogidos en añejos papeles;
obediente a arcanos fines
que repugnan al hombre,
movido como títere por hilos ocultos en lo abstracto.
Esa bestia que viene de lo antiguo
acciona el rencor de la ciencia moderna
y con técnica destroza personas
en trozos de carne humana,
de vida estallada, de dolor,
que recogerán otras técnicas de medicina y funerales.
Y los muertos serán contados, inscritos,
analizados en sus vísceras y huesos;
pero el pálpito extinguido de la vida
golpea la emoción del que se salva,
del cuidador que se agacha para tender la mano
y con ella roza la ensangrentada mejilla
y 200 no volvieron
Sus asesinos serán execrados;
pero ellos no volvieron;
una máscara de piedad
se impondrá por publica conveniencia,
pero dentro, el corazón de tantos llorará en silencio,
pues no volvieron.
Se fueron los hermanos y una ola de amor viajará por las vías,
irá dando gritos callados por metros y calles,
mirará con ojos ausentes los ordenadores,
recordará que los trenes a veces llevan a la muerte.
Hermanos del Sur, del Este y del Oeste;
del Danubio y los Andes;
magrebíes, caribeños, y vosotros españoles, hermanos de siempre,
habláis más que nunca en vuestro silencio definitivo;
vuestra carne rota ha hecho recordarnos lo humano;
y odiar el odio, la sinrazón y la locura.
Pena inmensa, dolor permanente,
pero, ¡gracias!
porque vuestro sacrificioha obligado a sentirnos humanos,
aunque no volvieron.
Tren
Él quería reconstruir el futuro antes de su llegada,
pues cada madrugada caía una amarga guillotina
sobre sus dedos cuando acariciaba los mapas.
Ella, adormecida entre los sordos ruidos
de los metales fugaces, de los plásticos imprecisos,
se acunaba entre los labios que ayer la besaron.
Ella recomponía los números imposibles,
los que nunca llegan, los que siempre faltan,
matemáticas del deseo y la espera.
Él explicaba al reflejo del cristal
las mil razones escondidas entre las
sinrazones de un suspenso inexplicable.
Ella releía a su hijo hecho de papel,
hijo sin rostro, de paseos por su vientre,
hijo expectante e impaciente.
Él reposaba su espalda sobre el aire libre del vagón.
Y su cabeza descansaba mansamente.
Su mirada, aún en el recuerdo alegre de las sábanas.
Él se dejaba hacer, extraviado entre las tintas
constructoras de mundos ajenos,
cotidiana cercanía de páginas asombradas.
El soñaba. Ella también.
Asientos negros. Raíles sin destino.
Humo miserable encubriendo la vergüenza.
Doscientos billetes de muerte.
Una sola boca afónica.
Soneto
Con un blast deliberado
siempre se va lo mejor,
estalla: lo terreno la razón
queda todo arruinado.
Atónito voy por el calvario
sin los pétalos en la flor,
¿qué ha sido? el terror
estos asesinos; tan sicarios.
Como el rayo, llega el clamor
uno queda; frágil, esquilmado
sin fuerzas, para soportar el dolor.
Suspiros profundos se han fijado
se necesitan días de paz y resplandor
¡qué vengan! Ya arriban volando.
Sobre la tumba de Napoleón, revisitada
Cómo he llegado a odiarte,
yo que pensaba que el odio no era sino la otra cara del amor
¿Cómo he llegado a odiarte si nunca te he querido?
Cómo he llegado a odiarte
Cómo sufrí pensando
que contento bailabas
sobre la tumba de la libertad
sin sollozar a mares
ni mesarte los cuatro últimos pelos.
Podías haber alzado tu nombre de otra forma
ese trono erigido en torres movedizas
que sí, quedará escrito en el libro de la historia
pero no en letras de oro.
Tú elegiste una pompa brillante, pero frágil
que el tiempo irá borrando hacia el olvido
que de tiempo andas sobrado, pero no de eternidad
ni de proyectos futuros.
Tierra y memoria quemadas a tu paso nos dejaste
misiles de desconsuelo y carne abierta en canal
cauterizada en poemas, crepitando en la pantalla
más no puedes impedir que el canto suene bien alto
y se yerga en baluarte y resumen de verdades
Cómo he llegado a odiarte si nunca te he querido
quizá sea porque el odio del amor es el reverso
y yo habría amado al alguien que tú pudiste haber sido:
la promesa de un mundo futuro para mi hija
pero cortaste de un tijeretazo
el cordón que la unía al vientre de la tierra.
Mary Shelley decía que la virtud se enfrenta
a rivales más fuertes que la fuerza o el fraude:
el crimen legal, esa antigua costumbre
la fé ciega en la sangre, sucio origen del tiempo.



