Para aprender vinimos

Para aprender vinimos.
Para mirar en torno y descubrir el mundo.
Para surcar en busca de palabras
que nombren nuestro asombro.
Para buscar en rosas virtuales
la esencia de la rosa.
Para crecer al tiempo que mengua nuestra sombra.
Para saber que somos porque fuimos
y seremos aún y algún día sabremos
quizá que habremos sido.
Para alzar con las manos, los ojos y los labios
la vida que soñamos y caminar unidos
por un puente de luz tendido entre los cuerpos.
Para vencer hermanos la sangre de la guerra
y su triste arrogancia de dolor y de muerte.
Para borrar fronteras y alzar una muralla
solidaria de versos,
una alcazaba tierna de jazmines
desde donde lanzar flechas de amor
que den al corazón directamente.

Paloma blanca, blanca paloma

Paloma Blanca, Blanca Paloma,
tú que vuelas sin parar,
dime donde tienes tu nido
que lo quiero visitar.

En lo alto de un olivo,
en los arcos de un pajar,
en la torre de una iglesia,
en los acantilados de la Mar.

Yo quisiera acompañarte,
en tu largo caminar,
cruzando Campos de trigos
llegando hasta la Mar.

Paloma Blanca, Blanca Paloma,
marca el rumbo en tu volar,
Te seguiré donde vayas
aunque me cueste llegar.

Las fuerzas me están fallando,
ya no puedo caminar,
pero recuerdo tu vuelo
El que me hace soñar.

Paloma Blanca, Blanca Paloma,
¡Dónde está la rama del olivar!.
Esa que sujetas con el pico
la que nos traerá la Paz.

Pierdo la sabiduría
esa que te da la edad,
olvido viejos recuerdos
solo quiero la amistad.

Cuándo vuelas no te sigo,
el horizonte lejos está,
las fuerzas no me responden
quiero llegar a mi hogar.

Paloma Blanca, Blanca Paloma,
Vuela, vuela sin parar,
tráeme aquello que sabes,
lo que no podemos contar.

Di le que la estoy buscando,
por tierra, Aire y por Mar,
en el campo, en las montañas
en el Universo Astral.

Paloma Blanca, Blanca Paloma,
¡Por que no puedo volar!
Se perdieron mis ilusiones
de quererte acompañar.

Oración del once de marzo

Malditos seáis por masacrar la vida.
malditos los que escupen ácido y metralla contra la paz de un hombre,
los que apagan el vuelo, la mirada,
la frente más rotunda con hierro machacado,
con óxido de alma desalmada.
Malditos los que beben la sangre más inútil
y se arrastran despacio
Por la senda cobarde de la ortiga,
los que habitan la sombra, el vientre del insomnio,
el útero de piedra que asila a los chacales.
Malditos los que abrasan el párpado de un niño,
el labio despoblado de pólvora y de odio.
Malditos los que lucen su corazón de oruga
y destruyen camadas de rosas a su paso,
los que dejan vacías las cuencas del que sueña,
trituran su garganta y la digieren entre carne y acero.
Malditos los que venden terror por las esquinas,
en la casa callada, el laberinto, la calle o el umbral,
la estación poblada de viajeros insomnes.
Malditos los que muestran serpientes en su fauces
y lamen el secreto del proyectil amargo.
Malditos los que matan inyectados de lepra y de ceniza,
los cadáveres vivos que exigen su cadáver,
los muertos que disparan con el rostro cubierto
de sus vísceras frías, huyendo de sí mismos.
Malditos los que nunca sabrán lo que es ser libre.
Malditos los comandos, los tristes asesinos,
que un día heredarán las tierras calcinadas,
las cloacas sin aire y las escupideras,
el fondo de ese pozo donde la niebla exige
su porción de arsénico y de carne.
Malditos seáis por ignorar la espiga, el beso, la luz o la paloma.
nuestra es la vida al otro lado, la palabra y el sueño,
la canción sin ráfaga ni herrumbre.
Vuestra es la muerte para siempre,
la soledad del mundo sin muchedumbre amiga,
la venganza del ángel borrando vuestra sombra
de la faz de la tierra.

Once más once

Una hilera de unos, once más once
coincidencia maldita o propósitos fúnebres
parece tener la trastienda de ignorante acometido.

Uno a uno se inmolan, once más once
arrebatan la vida, acomodan rencores,
viejas historias inconexas del no sentido.

De a uno a uno, once más once
buscan sedientos desde rincones silentes
la mortandad en las sombras, un final dirigido.

Uno torpe, otro más torpe, once más once
días de luto, dolor con causas y razones,
dos naciones que sufren del odio vivido.

Uno ahora, otro después, once más once
lloran las horas por las víctimas ausentes,
nada ni nadie hará olvidar a los que se han ido.