Francotiradores

Hay palabras que aturden
como demoliciones,
que tensan alambradas
con sílabas de acero,
que no dejan en pie
ni el cobijo más firme.

Hay bocas que reclaman los estragos,
y erigen monolitos de ceniza;
persuasivas cadencias,
cubren de angustia el tímpano,
echan sal en los labios del silencio.

Hay manos diligentes
que saben el oficio voraz de la carcoma;
furtivos sedimentos
empañan claridad
con señales de noche.

Cuando la luz inicia
un borrador de aurora,
palabras, bocas, manos,
deshielan sus abrazos de medusa.

Florecieron las rosas

Florecieron las rosas
antes que abril llegara;
florecieron mil rosas
sobre la larga rama;
la rama, dura y fría;
la mañana, temprana;
la rama dura y fría
de acero y catenaria.

Estallaron las rosas,
temblorosas y amargas;
estallaron las rosas,
y sus pétalos grana,
veloces como rayos.
Se extendían y manchaban:
y manchaban los cuerpos,
y manchaban la rama,
y manchaban las manos
de quienes los tocaban;
y lo manchaban todo,
y llagaban las almas;
y su grana fluyente
hería las miradas.

Bien tengan los que curan;
los que extraen de la rama,
con riesgo de su vida,
las rosas destrozadas.
Bien tenga quien transporta;
quien salta la muralla
para prestar ayuda;
quien, desde sus ventanas,
manda velo y abrigo,
cuando arroja sus mantas.
Bien tenga quien anima,
quien regala su savia.

¡Mal haya el asesino!
¡Mal haya quien lo manda!
¡Mal haya quien propicia
semejantes matanzas!
¡Malditos terrorismos
de ideologías nefastas,
que usan feroz violencia
en vez de la palabra!

Estallaron las rosas
en aquella mañana;
nos hirieron a todos,
nos rasgaron el alma.
Toda España fue un duelo,
y gritó toda España
con sepulcral silencio.

Florecieron las rosas
antes que abril llegara,
en una rama dura
de acero y catenaria.

Fanáticos

Hay palabras que aturden
como demoliciones,
que tensan alambradas
con sílabas de acero,
que no dejan en pie
ni el cobijo más firme.

Hay bocas que reclaman los estragos,
y erigen monolitos de ceniza;
persuasivas cadencias,
cubren de angustia el tímpano,
echan sal en los labios del silencio.

Hay manos diligentes
que saben el oficio voraz de la carcoma;
furtivos sedimentos
empañan claridad
con señales de noche.

Cuando la luz inicia
un borrador de aurora,
palabras, bocas, manos,
deshielan sus abrazos de medusa.

Espejismos

Bien pronto quise ser,
amigo de toda una vida,
inocente presente de mi juventud
que muy pronto se vio absorbida,
por un silencio sordo,
donde no cabe una luz,
ni ningún halo del día.

Silencio donde haya,
con muchas cosas
que no son oídas,
todo un océano de rostros
donde tú solo eres
una vela encendida,
fácil de ser apagada
por un alma corrompida.

Qué bien gritaron libertad,
al final de cada guerra,
quienes la hicieron a escondidas,
quienes dieron la cara,
y por los que perdieron la vida,
en afán de ciertas sabidurías,
que no sirven de nada
más que para ser oídas,
y hacer del dolor sufrido
un fino y frío hielo
que desgarra día a día.