Frío 11 de marzo de 2004

Que fría aquela mañán
de marzo, de madrugada
frío seco que cortaba
fríos beizos, fría man.

Qué frío estaba o anden
a estación, ¡qué fría estaba!
e que frío semellaba
o asubío do tren.

Que quente estaba o alento
da xente que respiraba
que no aire fumeaba
a calor que vai por dentro.

Era o tren do estudiante,
da xente que traballaba,
do que traballo buscaba,
do sen teito e do emigrante.

Frío cerebro asasino
fríos ollos, fría cara
fría mente depravada
frío corazón mesquiño.

Qué frío aquel estoupido
que os oídos reventaba
qué fría aquela metralla
aquel aceiro ¡qué frío!

Qué fríos aqueles ferros
que nos corpos se cravaban
xentes que se lamentaban,
¡qué fríos aqueles berros!

¡Ai que fría esa mirada!
a da xente moribunda
cunha man pedía axuda
coa outra, a ferida, tapaba.

A vista se lle nublaba,
os corpos arrefriaban
¿Porqué morro?, preguntaban
e ninguén lles contestaba.

Anacos de carne fría,
lume no ferro candente
pingueiras de sangue quente
no frío aceiro da vía.

Que política más fría
cando é interesada
basura televisada,
de odio, revancha e porfía.

E que fría aquela sala
ata que chegou falando
a muller que está chorando
muller que chora e que fala.

Que quentes son as palabras
que saen do corazón
e brotan pola emoción
o sentimento e as bagoas.

Non falou das eleccións
que perdera ou quen gañara
falou da carne abrasada,
da morte a das explosións.

Falou daquel asasino
que o seu fillo asasinara
e do dano que causara
aquel feito tan dañino.

Tamén falou dos demáis
dos mortos e dos tullidos
e falou daqueles fillos
que quedaron sen os pais.

Con esa voz desgarrada
da muller que está chorando
queren que vaia calando
pero ela chora e fala.

Esa fría Comisión
esa das dúa Españas
leva o calor das entranas
de Doña Pilar Manjón.

Francotiradores

Hay palabras que aturden
como demoliciones,
que tensan alambradas
con sílabas de acero,
que no dejan en pie
ni el cobijo más firme.

Hay bocas que reclaman los estragos,
y erigen monolitos de ceniza;
persuasivas cadencias,
cubren de angustia el tímpano,
echan sal en los labios del silencio.

Hay manos diligentes
que saben el oficio voraz de la carcoma;
furtivos sedimentos
empañan claridad
con señales de noche.

Cuando la luz inicia
un borrador de aurora,
palabras, bocas, manos,
deshielan sus abrazos de medusa.

Florecieron las rosas

Florecieron las rosas
antes que abril llegara;
florecieron mil rosas
sobre la larga rama;
la rama, dura y fría;
la mañana, temprana;
la rama dura y fría
de acero y catenaria.

Estallaron las rosas,
temblorosas y amargas;
estallaron las rosas,
y sus pétalos grana,
veloces como rayos.
Se extendían y manchaban:
y manchaban los cuerpos,
y manchaban la rama,
y manchaban las manos
de quienes los tocaban;
y lo manchaban todo,
y llagaban las almas;
y su grana fluyente
hería las miradas.

Bien tengan los que curan;
los que extraen de la rama,
con riesgo de su vida,
las rosas destrozadas.
Bien tenga quien transporta;
quien salta la muralla
para prestar ayuda;
quien, desde sus ventanas,
manda velo y abrigo,
cuando arroja sus mantas.
Bien tenga quien anima,
quien regala su savia.

¡Mal haya el asesino!
¡Mal haya quien lo manda!
¡Mal haya quien propicia
semejantes matanzas!
¡Malditos terrorismos
de ideologías nefastas,
que usan feroz violencia
en vez de la palabra!

Estallaron las rosas
en aquella mañana;
nos hirieron a todos,
nos rasgaron el alma.
Toda España fue un duelo,
y gritó toda España
con sepulcral silencio.

Florecieron las rosas
antes que abril llegara,
en una rama dura
de acero y catenaria.

Fanáticos

Hay palabras que aturden
como demoliciones,
que tensan alambradas
con sílabas de acero,
que no dejan en pie
ni el cobijo más firme.

Hay bocas que reclaman los estragos,
y erigen monolitos de ceniza;
persuasivas cadencias,
cubren de angustia el tímpano,
echan sal en los labios del silencio.

Hay manos diligentes
que saben el oficio voraz de la carcoma;
furtivos sedimentos
empañan claridad
con señales de noche.

Cuando la luz inicia
un borrador de aurora,
palabras, bocas, manos,
deshielan sus abrazos de medusa.