Aquella mañana

Aquella mañana
Saliste a trabajar como siempre…
Junto a la puerta te despedí…
Con un beso, un abrazo.

Aquella mañana
Esperaba tu llamada diaria
Desde la oficina
Esa llamada, que era cuna del descanso,
Y alguna que otra risa…

Aquella mañana
Hacía la cama
Pensando en ti.

Aquella mañana
Vi nuestra foto en el salón
De aquellos días en los que
Fuimos tan felices…

Aquella mañana
Esperaba tu vuelta
Esperaba que volvieras
Y me contaras como e fue el día.

Pero aquella mañana
Camino del trabajo
Cogiste el tren
El tren que no iba a ninguna parte
Ese tren quedó en el camino
Y junto a él muchas almas
Mucha gente…
Y entre ellos estabas tú…

Aquella mañana lloré y hoy sigo llorando
Y espero cada mañana, sentada
La llamada que me hacías desde el trabajo…

Amanece marzo

Los sentimientos expuestos de la misma manera,
porque no hay otra manera, a pesar de la técnica
o de la práctica o de la intención.
No ha amanecido y el día no existe.

Han desaparecido hoy el calor y lo suave,
la tibieza de los ojos al despertar,
la ternura y las risas, las miradas hacia la estación.
Y las miradas hacia el legendario comportamiento extraño
de un objeto extraño. inmenso, triste,
prolongado, ajeno y casi indiferente.
que no avisó, no pidió auxilio.
No mostró el peligro-dolor, no se aferró a sus barrotes
para examinar nuestra ignorancia.

No ha amanecido y el día no existe.
Ha desaparecido la certeza. y ha desaparecido el candor.
este brusco temblor se irá convirtiendo en otro.
diferente. desolado, quizá.
Temblor mío y otro, que vibrará ante escaleras descendentes.
la visión de nuestros pobres cuerpos diminutos
en un mundo manchado.
Pobres cuerpos viajeros y juntos
buscando el mejor lugar, holgado,
por el que avanzar hacia la vía inmóvil
que nos lleva a todos de la mano.

Pegados unos a otros.
Como niños en un corro interminable.
nuestros pequeños uniformes rosas y azules
movidos por el viento…

Abre el mar

Qué poé del mar
Crucé el desierto pero no he cruzado
el mar
No conozco el burbujeo del oxígeno
en los pechos torturados
No entiendo el terror de la mar gruesa
contra un ramo de humanos, seres
ni he oído un motor en el abismo
del bramar del mar, los gritos que se hunden
en la nada. No soy nada
pero sé que tú
cadáver, flotante, perdido o encontrado
eres más que todo
más.

Qué llano
es el mar, qué torpe y sin sentido
para hacernos distinguir el coro de voces distintas
muchas lenguas, proyectos de vida
muchas caricias últimas, hipidos, quebrantos
Qué sordo para hablar de cada una y cada uno
de quienes se ahogaron, quienes están nadando
sobre el mural de esta sumisa ignorancia
quienes han escrito en la espuma un texto
más sagrado,ás
que el mar.

Qué falta de juicio para entrar
en tu lugar, soportar tu cuerpo
abrir las aguas, tocar fondo, pasar
por las manos de la gente
No hay otro suelo
No hay dónde posar
No en el mar.

A una madre valiente

Tuvo que ser una mujer
que con el corazón roto
la que pusiera a pensar
a aquellos que siempre piden
con promesas, nuestros votos.

¿Cómo te puedes sentir
cuando habla la razón
reprimiendo sentimientos,
y en tu rostros está esa huella
de aguantar tanto dolor?

Cuando España entera te escucha
con respeto y admiración,
aquellos que con su ejemplo
nos debieran de dar calor
te miran indiferentes
sin sentir ningún rubor.

Lo pensaremos muy bien
antes de dar nuestros votos.
Entre tantos representantes,
¿no habrá tan siquiera uno
que mire por la seguridad
y las vidas de nosotros?

Estamos desalentados
con nuestros representantes
con bodas tan fastuosas
ferias y expos abundantes.

¿Para cuánábricas y trabajos
para nuestros estudiantes,
que al terminar sus carreras
tienen que ir de emigrantes
porque en España no saben
cuando podrán realizarse?

Creo que estas son las cosas
que se debieran pensar,
y estar siempre muy alerta
para que el 11 de marzo
no vuelva a ocurrir jamás.