Sobre la tumba de Napoleón, revisitada

Cómo he llegado a odiarte,
yo que pensaba que el odio no era sino la otra cara del amor

¿Cómo he llegado a odiarte si nunca te he querido?
Cómo he llegado a odiarte

Cómo sufrí pensando
que contento bailabas
sobre la tumba de la libertad
sin sollozar a mares
ni mesarte los cuatro últimos pelos.

Podías haber alzado tu nombre de otra forma
ese trono erigido en torres movedizas
que sí, quedará escrito en el libro de la historia
pero no en letras de oro.

Tú elegiste una pompa brillante, pero frágil
que el tiempo irá borrando hacia el olvido
que de tiempo andas sobrado, pero no de eternidad
ni de proyectos futuros.

Tierra y memoria quemadas a tu paso nos dejaste
misiles de desconsuelo y carne abierta en canal
cauterizada en poemas, crepitando en la pantalla
más no puedes impedir que el canto suene bien alto
y se yerga en baluarte y resumen de verdades

Cómo he llegado a odiarte si nunca te he querido
quizá sea porque el odio del amor es el reverso
y yo habría amado al alguien que tú pudiste haber sido:
la promesa de un mundo futuro para mi hija
pero cortaste de un tijeretazo
el cordón que la unía al vientre de la tierra.

Mary Shelley decía que la virtud se enfrenta
a rivales más fuertes que la fuerza o el fraude:
el crimen legal, esa antigua costumbre
la fé ciega en la sangre, sucio origen del tiempo.

Sin título

El aire limpio y puro
de cada mañana
nos permite un día mejor
sin tu presencia
la soledad me invade,
tu recuerdo, difícil de olvidar
me hace vivir
tus ojos, tu mirada, tu cariño
cada día me sigues abrazando
sueño contigo, alegría de vivir
tu latido, tu aliento
los mantengo en el recuerdo
tus ilusiones, penas, alegrías
siguen en mí
tus caídas de infancia, tus juegos
tu mal humor, tu voz,
tu llanto y tu risa
los escucho y recuerdo cada día,
me hacen sonreír
sigues y seguirás en mí
solo nos morimos
cuando nadie nos recuerda
pero vives, porque cada día
te recuerdo y estás en mi.

Silencio

Silencio hay en el Universo
ya no se oyen los cañones, el grito el sufrimiento,
oigo el beso tierno de una madre a su hijo en dulces
sueños, el piar de los pajarillos, o las notas alegres de
las canciones de los inocentes críos.

Silencio hay en el valle, oigo el trotar
de los animales que pactan la hierba verde y beben
el agua pura y cristalina. ¡Oh.oh! ¿ya no está
contaminada ni hay minas enterradas? Trampas malditas
que mutilan y quitan la vida.

Silencio hay en los pueblos se oye hablar
de amor, trabajo, progreso y como objetivo prioritario
las nuevas generaciones han interiorizado en el
sentimiento: no, no queremos ver imágenes cruentas,
niños en profundo llanto.
Y que la Bandera de la Paz ondee en el Universo.

Romances de marzo

La Muerte

De sonidos y de luces
se llenaba la mañana,
de ropajes milcolores,
de premuras y pisadas.
Pasajeros habituales
ocupaban sus butacas,
sin sospechar que la muerte
les rondaba agazapada.
Cobijada en escondite
reposaba la alimaña
-artefactos del demonio,
traicioneras telarañas-
con sus fauces de explosivo
y sus garras de metralla.
Abajo, once de marzo,
estalló la intolerancia;
arriba, Madrid despierta
mientras los sueños se apagan.

El Lamento

Se pararon los relojes
al sonar la enhoramala.
De lamentos y sollozos
se llenaron las calzadas,
de cascotes y de humo,
de sirenas y de llamas.
Entre hierros retorcidos
reposan muchas gargantas
que cantaron y rieron
e imaginaron andanzas.
Sobre sus ingenuos pechos
se cerró la madrugada,
y se abrieron los lamentos
en balcones y barandas.
No son casta de valientes
quienes empuñan guadañas
y toman la vida ajena
asaltando por la espalda

El Dolor

El rencor de los cobardes
se tornó cruda matanza
y dejó sangre inocente
sobre andenes de esperanza.
España alza su duelo
entre lágrimas amargas.
Todo se muere un poco
cuando el día se desangra
en padrón de oscuras cifras
y nombres de esquela blanca.
Un crucifijo se yergue
sobre conciencias y almas,
y nos recuerda a los hombres
que venimos de la nada.
Tanto dolor sin sentido,
tanto dolor que avasalla,
¿A qué Dios le satisface?
¿De qué Señor es demanda?

La Esperanza

De luto, los corazones,
se visten otra jornada.
Y al compás de los acordes,
que los sollozos acalla,
en los pechos piadosos
van soñando las palabras.
Estimados convecinos
ya formáis en otra escuadra
que no sabe de mentiras,
ni de engaños, ni de armas.
Sois espíritus de paz,
sencillas y humildes almas,
que os arrancaron del mundo
sin permiso ni coartada.
En vuestro cielo sin puertos
quisiera atracar la barca
que dejasteis en la tierra
de ilusiones y nostalgias.