Tren

Él quería reconstruir el futuro antes de su llegada,
pues cada madrugada caía una amarga guillotina
sobre sus dedos cuando acariciaba los mapas.

Ella, adormecida entre los sordos ruidos
de los metales fugaces, de los plásticos imprecisos,
se acunaba entre los labios que ayer la besaron.

Ella recomponía los números imposibles,
los que nunca llegan, los que siempre faltan,
matemáticas del deseo y la espera.

Él explicaba al reflejo del cristal
las mil razones escondidas entre las
sinrazones de un suspenso inexplicable.

Ella releía a su hijo hecho de papel,
hijo sin rostro, de paseos por su vientre,
hijo expectante e impaciente.

Él reposaba su espalda sobre el aire libre del vagón.
Y su cabeza descansaba mansamente.
Su mirada, aún en el recuerdo alegre de las sábanas.

Él se dejaba hacer, extraviado entre las tintas
constructoras de mundos ajenos,
cotidiana cercanía de páginas asombradas.

El soñaba. Ella también.
Asientos negros. Raíles sin destino.
Humo miserable encubriendo la vergüenza.

Doscientos billetes de muerte.
Una sola boca afónica.

Soneto

Con un blast deliberado
siempre se va lo mejor,
estalla: lo terreno la razón
queda todo arruinado.

Atónito voy por el calvario
sin los pétalos en la flor,
¿qué ha sido? el terror
estos asesinos; tan sicarios.

Como el rayo, llega el clamor
uno queda; frágil, esquilmado
sin fuerzas, para soportar el dolor.

Suspiros profundos se han fijado
se necesitan días de paz y resplandor
¡qué vengan! Ya arriban volando.

Sobre la tumba de Napoleón, revisitada

Cómo he llegado a odiarte,
yo que pensaba que el odio no era sino la otra cara del amor

¿Cómo he llegado a odiarte si nunca te he querido?
Cómo he llegado a odiarte

Cómo sufrí pensando
que contento bailabas
sobre la tumba de la libertad
sin sollozar a mares
ni mesarte los cuatro últimos pelos.

Podías haber alzado tu nombre de otra forma
ese trono erigido en torres movedizas
que sí, quedará escrito en el libro de la historia
pero no en letras de oro.

Tú elegiste una pompa brillante, pero frágil
que el tiempo irá borrando hacia el olvido
que de tiempo andas sobrado, pero no de eternidad
ni de proyectos futuros.

Tierra y memoria quemadas a tu paso nos dejaste
misiles de desconsuelo y carne abierta en canal
cauterizada en poemas, crepitando en la pantalla
más no puedes impedir que el canto suene bien alto
y se yerga en baluarte y resumen de verdades

Cómo he llegado a odiarte si nunca te he querido
quizá sea porque el odio del amor es el reverso
y yo habría amado al alguien que tú pudiste haber sido:
la promesa de un mundo futuro para mi hija
pero cortaste de un tijeretazo
el cordón que la unía al vientre de la tierra.

Mary Shelley decía que la virtud se enfrenta
a rivales más fuertes que la fuerza o el fraude:
el crimen legal, esa antigua costumbre
la fé ciega en la sangre, sucio origen del tiempo.

Sin título

El aire limpio y puro
de cada mañana
nos permite un día mejor
sin tu presencia
la soledad me invade,
tu recuerdo, difícil de olvidar
me hace vivir
tus ojos, tu mirada, tu cariño
cada día me sigues abrazando
sueño contigo, alegría de vivir
tu latido, tu aliento
los mantengo en el recuerdo
tus ilusiones, penas, alegrías
siguen en mí
tus caídas de infancia, tus juegos
tu mal humor, tu voz,
tu llanto y tu risa
los escucho y recuerdo cada día,
me hacen sonreír
sigues y seguirás en mí
solo nos morimos
cuando nadie nos recuerda
pero vives, porque cada día
te recuerdo y estás en mi.