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Tengo de luto el corazón y el alma rota,
hecha añicos, destrozada por el dolor,
en ciento noventa y dos fragmentos irreparables,
con nombres propios, únicos, insustituibles.

El cielo llora y cada lágrima me desgarra.

Me llena de rabia e indignación contra los asesinos,
y a la vez me conmueve profundamente, me colma de afecto
hacia las víctimas, los heridos, sus familias…

Con el corazón de luto, sólo me queda una esperanza:
de la sangre derramada ha brotado una flor
que ha unido a millones de personas en todo el mundo,
contra el terror, contra la barbarie, contra el horror…

El cielo llora y cada lágrima me desgarra.

La lluvia intensa y triste, cae sobre Madrid.
Un minuto de silencio, abrumador,
que hasta los bebés respetan.

Con el alma destrozada, sólo me queda una esperanza:
que esta flor crezca fuerte, hasta hacerse inmensa…
que al abrir sus pétalos, su luz sea tan brillante y perfumada
que hasta los asesinos y las alimañas conmueva…

Y para siempre, podamos vivir libres, sin miedo, en paz.