Los niños que se mueren

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por Elena Medel

Los niños que se mueren

pueden decidir entre saltar durante el día sobre camas de hormigón dulce o comerse las sábanas muy lento, con los ojos cerrados y felices.
El privilegio de la franela, dos centésimas de miedo para que suelten su mano:

por la avenida se agarran de la punta de mis dedos, mordiéndome, mamá.

Ya no tengo piernas y canto muy bajito, buscando un lugar cerca de mi padre,

así que ellos me hacen compañía antes de llegar a casa.

Qué bondad en el vestíbulo: tan blandita que no puedo morir.

Tengo amigos sin sueño ni pijama. Huelen a víspera de festivo, y convierten los termómetros en música de cámara, suave y abrazo, como los pasos de

los niños que se mueren.

2017-01-12T19:23:25+00:00 10/10/2016|Relatos|