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En la Estación de Santa Eugenia
una madre llora en el andén
mientras sujeta entre las manos
un pebetero como flor abierta
a la luz, y que bebe luz ardida.

Una mujer,en otro lado, quema
incienso.Un manto cubre su cabeza.

El tiempo se ha detenido, el dolor
en nuestras almas
ha tomado asiento.

Atocha,
Santa Eugenia,
la calle Téllez,
El Pozo…
En todas las calles y plazas
minutos de silencio
en contra de la muerte negra.

Hoy he leído,
mientras oía a Pau Casals
abrazar con el desgarro del chelo
a las víctimas,
que la pena es un reproche al olvido
y hoy he visto que a nosotros
nos inunda.