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Ni un homenaje multitudinario, ni un discurso,
ni es necesario, ni lo quiero,
quizá tan sólo una palabra y un rápido abrazo.

Ni ceremonias, ni elegías póstumas,
ni coronas, ni ofrendas, nada quiero,
quizá tan sólo una palabra y una mano sobre mi hombro.

Ni campanas tañendo en las ciudades,
ni catedrales llenas, ni calles vacías, tampoco lo quiero,
quizá tan sólo una palabra y una mirada fugaz,
fugaz como un instante, como ese instante
en que se rompió mi vida en mil pedazos,
y quedé como un pedazo desgajado de mis sueños,
en un instante…

Ni homenajes, ni discursos,
ni ceremonias, ni elegías,
ni coronas, ni ofrendas,
ni campanas doblando por los muertos.

Y quizá ni tan siquiera una palabra, ni un abrazo,
ni un gesto, ni una mirada fugaz,
ni un recuerdo.

Tal vez tan sólo tu silencio, acompañando mi silencio,
el silencio de aquel día, que será todos los días,
de aquel mes que quizá ya nunca pase,
de aquel año que será todos los años,
de esta vida que sigue hacia adelante.